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Pastor
Rev. Jesús Reynaga
INTENCIONES DE ORACIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE JULIO
CIUDAD DEL VATICANO, 1 JUL 2010 (VIS).-La intención general del Apostolado de la
Oración del Papa para el mes de julio es: "Para que en todas las naciones del
mundo las elecciones de los gobernantes se realicen según la justicia,
trasparencia y honestidad, respetando las decisiones libres de los ciudadanos".
Su intención misional es: "Para que los cristianos se comprometan a ofrecer en
todas partes, especialmente en los grandes centros urbanos, una contribución
válida a la promoción de la cultura, de la justicia, de la solidaridad y de la
paz".
BXVI-INTENCIONES ORACION/ VIS 20100701 (100)
BENEDICT XVI'S PRAYER INTENTIONS FOR JULY
VATICAN CITY, 1 JUL 2010 ( VIS ) - Pope Benedict's general prayer
intention for July is: "That in every nation of the world the
election of officials may be carried out with justice, transparency
and honesty, respecting the free decisions of citizens".
His mission intention is: "That Christians may strive to offer
everywhere, but especially in great urban centres, an effective
contribution to the promotion of education, justice, solidarity and
peace".
BXVI-PRAYER INTENTIONS/ VIS 20100701 (80)
Doce de Diciembre. Día de la Virgen de Guadalupe,
Patrona y Emperatriz de las Américas
Abortion and Health Reform/El Aborto y la Reforma Sanitaria
N1H1 Instructions
En Español en la segunda página
Press Conference, July 24, 2009, Comprehensive
Immigration Reform
Bishop John T. Steinbock, Bishop, Diocese of
Fresno
Contact person: Rev. Michael McAndrew,
Director for Multicultural/Campesino Ministry,
Diocese of Fresno, 559 488-7474, ext. 109
As the Bishop of the Diocese of Fresno I ask
President Barack Obama and Congressional leaders of
both parties to fashion and enact Comprehensive
Immigration Reform legislation, and I encourage
particularly the Congressional leaders from our
region. I also ask people to write their legislators
to speak of the need of this reform.
We can no longer accept that people live as a
hidden underclass in our country and we should bring
them out of the shadows to participate fully in our
society. The vast majority of those undocumented are
hard working persons seeking only to support their
families, and contribute to our nation’s economic,
social and spiritual well being.
The immigration laws of our country are outmoded
and impractical and contribute to the problems of
immigration. The laws need to be changed for the
good of our country, respecting the human dignity
and basic human rights of those who come here with
the intention of bettering their lives and the lives
of their families.
The United States Conference of Catholic Bishops
has long advocated policies that respect the human
dignity of immigrants and refugees, as well as the
need to protect our borders. Immigration reform
should recognize the positive effects of immigration
on our society, the rights and needs of all workers
and all employers, the obligation of the government
to protect and provide security of its peoples, the
rights of families to live together, and the need
for orderly travel between countries.
The enforcement of a broken immigration system
through workplace raids has been inhumane to both
worker and employer, often separating parents from
their children. Permanent Residents and United
States citizens have been denied the right to have
their spouse or children live in this country. A
pathway to legalization needs to be made available
without unreasonable hardships placed on those who
have been living in the shadows.
Immigration Reform is needed now, not later. The
present laws are not only outdated and unjust but
they are polarizing the people of our nation. We
urge the President and Congress to begin formulating
appropriate legislation and to educate the American
public about the importance of its enactment.
Immigration Reform defies easy solutions, but
together we can do this. We must never lose sight of
who we are as Americans. We are a nation of
immigrants and we must respond in a just and
equitable way to the immigrants who are with us now.
God bless America and God bless us all. +
CIUDAD DEL VATICANO, 7 JUL 2009 (VIS).-Esta mañana,
en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar la
presentación de la Encíclica de Benedicto XVI "Caritas in veritate".
Han participado en el acto los cardenales Renato Raffaele Martino,
Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y Paul Josef Cordes,
Presidente del Pontificio Consejo "Cor Unum"; el arzobispo Giampaolo
Crepaldi, recientemente nombrado obispo de Trieste (Italia) y hasta
ahora secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz y el profesor
Stefano Zamagni, catedrático de Economía Política en la Universidad
de Bolonia (Italia) y consultor del Pontificio Consejo Justicia y
Paz.
En su intervención, el cardenal Martino habló de
la necesidad de una nueva encíclica social a veinte años de
distancia de la "Centesimus annus" de Juan Pablo II, enumerando los
cambios que han tenido lugar en estas dos últimas décadas.
"Las ideologías políticas, que caracterizaron la
época precedente a 1989, han perdido virulencia -dijo- y han sido
sustituidas por la nueva ideología de la técnica. (...) La
acentuación de los fenómenos de globalización, determinados por el
final de los bloques contrapuestos y por la red informática y
mundial. (...) Las religiones han vuelto al escenario público
mundial. (...) La emergencia de algunos países de la situación de
retraso está cambiando los equilibrios geopolíticos mundiales. (...)
El problema de la gobernación internacional".
"Estas grandes novedades bastarían para motivar la
escritura de otra encíclica social -agregó el purpurado-, pero
existe además una razón que no se debe olvidar. La "Caritas in
veritate" fue concebida por el Santo Padre como una conmemoración de
los 40 años de la "Populorum progressio" de Pablo VI, aunque el tema
de la nueva encíclica "no es el desarrollo de los pueblos, sino el
desarrollo humano integral. (...) Se podría decir que la perspectiva
de la "Populorum progressio" se amplía".
"La "Caritas in veritate" demuestra con claridad
no solo que el pontificado de Pablo VI no supuso un retroceso en la
Doctrina Social de la Iglesia, (...) sino que aquel Papa contribuyó
de forma significativa a enfocar la visión de la Doctrina Social de
la Iglesia en el surco de la "Gaudium et spes" y de la tradición
precedente y sentó las bases sobre las que se insertó Juan Pablo
II".
Por su parte, el arzobispo Crepaldi habló de las
nuevas cuestiones que aborda la encíclica. "Los dos derechos
fundamentales a la vida y a la libertad religiosa -indicó-
encuentran por primera vez un lugar explícito y denso en una
encíclica social" y "están ligados orgánicamente con el tema del
desarrollo. (...) En la "Caritas in veritate", la llamada "cuestión
antropológica" pasa a ser a pleno título una cuestión social".
Otras dos temáticas nuevas son la del ambiente -donde
la naturaleza se concibe no "como un depósito de recursos materiales",
sino como "palabra creada" confiada al ser humano "para el bien de
todos"- y la de la técnica. "Es la primera vez -subrayó el prelado-
que una encíclica afronta de forma orgánica esta cuestión". "La
referencia continua a la Verdad y al Amor infunde a "Caritas in
veritate" una gran libertad de pensamiento, con las que despeja el
campo de todas las ideologías que desgraciadamente todavía pesan
sobre el desarrollo".
El cardenal Cordes afirmó que "si la primera
Encíclica, "Deus caritas est", sobre la teología de la caridad,
contenía indicaciones sobre la doctrina social, ahora estamos frente
a un texto dedicado totalmente a esta materia".
Tras poner de relieve que "la doctrina social de
la Iglesia es un elemento de evangelización", subrayó que "no se
puede leer la doctrina social fuera del contexto del evangelio y de
su anuncio", ya que "nace y se interpreta a la luz de la revelación".
El presidente del Pontificio Consejo "Cor Unum"
señaló que "el centro de la doctrina social es el ser humano". En
este contexto se preguntó si "la cuestión antropológica no implica
que se deba responder a una pregunta central: ¿qué hombre queremos
promover? (...) ¿Puede una civilización sobrevivir sin puntos de
referencia con fundamento, sin una mirada a la eternidad, negando al
ser humano una respuesta a sus interrogantes más profundos? ¿Puede
existir verdadero desarrollo sin Dios?".
Refiriéndose finalmente al concepto de progreso,
el purpurado puso de relieve que la Encíclica, "además de unificar
las dos dimensiones de la promoción humana y del anuncio de la fe,
introduce un ulterior elemento en el concepto de progreso: la
esperanza", a la que el Papa ha dedicado su segunda Encíclica, la "Spe
salvi".
El profesor Zamagni comentó que la Encíclica se
muestra favorable "a la concepción de mercado, típica de la economía
civil, según la cual se puede vivir la experiencia de la socialidad
humana en el contexto de una normal vida económica y no fuera o al
margen de ella".
"Los principales factores estructurales de la
crisis -explicó- son tres. El primero concierne al cambio radical en
la relación entre finanzas y producción de bienes y servicios que se
ha ido consolidando a lo largo de los treinta últimos años. (...) El
segundo factor -continuó- es la difusión, a nivel de cultura
popular, del "ethos" de la eficiencia como criterio último de juicio
y de justificación de la realidad económica. (...) La tercera causa
-terminó- tiene que ver con la matriz cultural que se ha consolidado
en los últimos decenios, a raíz del proceso de globalización y de la
llegada de la tercera revolución industrial, la de las tecnologías
info-telemáticas".
OP/PRESENTACION CARITAS IN VERITATE/... VIS 090707
(900)
SINTESIS DE LA ENCICLICA "CARITAS IN VERITATE"
CIUDAD DEL VATICANO, 7 JUL 2009 (VIS).-Sigue la
síntesis facilitada por la Oficina de Prensa de la Santa Sede de la
nueva encíclica de Benedicto XVI, "Caritas in veritate": La Caridad
en la verdad, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en
la verdad .
La Encíclica, publicada hoy, consta de una
introducción, seis capítulos y una conclusión y está fechada el 29
de junio de 2009, solemnidad de San Pedro y San Pablo.
"En la Introducción -explica la síntesis- el Papa
recuerda que la caridad es "la vía maestra de la doctrina social de
la Iglesia". Por otra parte, dado el "riesgo de ser mal entendida o
excluida de la ética vivida" advierte de que "un cristianismo de
caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de
buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero
marginales".
"El desarrollo (...) necesita esta verdad",
escribe Benedicto XVI y analiza "dos criterios orientadores de la
acción moral: la justicia y el bien común. (...) Todo cristiano está
llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de
incidir en la polis. Ésta es la vía institucional del vivir social".
El primer capítulo está dedicado al "Mensaje de la
"Populorum progressio" de Pablo VI que "reafirmó la importancia
imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad
según libertad y justicia". "La fe cristiana -escribe Benedicto XVI-
se ocupa del desarrollo no apoyándose en privilegios o posiciones de
poder (...) sino solo en Cristo". El pontífice evidencia que "las
causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material".
Están ante todo en la voluntad, el pensamiento y todavía más "en la
falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos".
"El desarrollo humano en nuestro tiempo" es el
tema del segundo capítulo. "El objetivo exclusivo del beneficio,
cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último -reitera
el Papa- corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza" Y
enumera algunas distorsiones del desarrollo: una actividad
financiera "en buena parte especulativa", los flujos migratorios "frecuentemente
provocados y después no gestionados adecuadamente o la explotación
sin reglas de los recursos de la tierra". Frente a esos problemas
ligados entre sí, el Papa invoca "una nueva síntesis humanista",
constatando después que "el cuadro del desarrollo se despliega en
múltiples ámbitos: (...) crece la riqueza mundial en términos
absolutos, pero aumentan también las desigualdades (...) y nacen
nuevas pobrezas".
"En el plano cultural -prosigue- (...) las
posibilidades de interacción" han dado lugar a "nuevas perspectivas
de diálogo", (...) pero hay un doble riesgo". En primer lugar "un
eclecticismo cultural" donde las culturas se consideran "sustancialmente
equivalentes". El peligro opuesto es el de "rebajar la cultura y
homologar los (...) estilos de vida". Benedicto XVI recuerda "el
escándalo del hambre" y auspicia "una ecuánime reforma agraria en
los países en desarrollo".
Asimismo, el pontífice evidencia que el respeto
por la vida "en modo alguno puede separarse de las cuestiones
relacionadas con el desarrollo de los pueblos" y afirma que "cuando
una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida
acaba por no encontrar la motivación y la energía necesarias para
esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre".
Otro aspecto ligado al desarrollo es el "derecho a
la libertad religiosa. La violencia - escribe el Papa-, frena el
desarrollo auténtico" y esto "ocurre especialmente con el terrorismo
de inspiración fundamentalista".
"Fraternidad, desarrollo económico y sociedad
civil" es el tema del tercer capítulo, que se abre con un elogio de
la experiencia del don, no reconocida a menudo, "debido a una visión
de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad.
(...) El desarrollo, (...) si quiere ser auténticamente humano,
necesita en cambio dar espacio al principio de gratuidad", y por
cuanto se refiere al mercado la lógica mercantil, ésta debe estar "ordenada
a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo
de la comunidad política".
Retomando la encíclica "Centesimus annus" indica
"la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado,
el Estado y la sociedad civil" y espera en "una civilización de la
economía". Hacen falta "formas de economía solidaria" y "tanto el
mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al
don recíproco".
El capítulo se cierra con una nueva valoración del
fenómeno de la globalización, que no se debe entender solo como "un
proceso socio-económico". (...) La globalización necesita "una
orientación cultural personalista y comunitaria abierta a la
trascendencia (...) y capaz de corregir sus disfunciones".
En el cuarto capítulo, la Encíclica trata el tema
del "Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente". "Gobierno
y organismos internacionales -se lee- no pueden olvidar "la
objetividad y la indisponibilidad" de los derechos. A este respecto,
se detiene en las "problemáticas relacionadas con el crecimiento
demográfico".
Reafirma que la sexualidad no se puede "reducir a
un mero hecho hedonístico y lúdico". Los Estados, escribe, "están
llamados a realizar políticas que promuevan la centralidad de la
familia".
"La economía -afirma una vez más- tiene necesidad
de la ética para su correcto funcionamiento; no de cualquier ética
sino de una ética amiga de la persona". La misma centralidad de la
persona, escribe, debe ser el principio guía "en las intervenciones
para el desarrollo" de la cooperación internacional. (...) Los
organismos internacionales -exhorta el Papa- deberían interrogarse
sobre la real eficacia de sus aparatos burocráticos", "con
frecuencia muy costosos".
El Santo Padre se refiere más adelante a las
problemáticas energéticas. "El acaparamiento de los recursos" por
parte de Estados y grupos de poder, denuncia, constituyen "un grave
impedimento para el desarrollo de los países pobres". (...) "Las
sociedades tecnológicamente avanzadas -añade- pueden y deben
disminuir la propia necesidad energética", mientras debe "avanzar la
investigación sobre energías alternativas".
"La colaboración de la familia humana" es el
corazón del quinto capítulo, en el que Benedicto XVI pone de relieve
que "el desarrollo de los pueblos depende sobre todo del
reconocimiento de ser una sola familia". De ahí que, se lee, la
religión cristiana puede contribuir al desarrollo "solo si Dios
encuentra un puesto también en la esfera pública".
El Papa hace referencia al principio de
subsidiaridad, que ofrece una ayuda a la persona "a través de la
autonomía de los cuerpos intermedios". La subsidiariedad, explica, "es
el antídoto más eficaz contra toda forma de asistencialismo
paternalista" y es más adecuada para humanizar la globalización".
Asimismo, Benedicto XVI exhorta a los Estados
ricos a "destinar mayores cuotas" del Producto Interno Bruto para el
desarrollo, respetando los compromisos adquiridos. Y augura un mayor
acceso a la educación y, aún más, a la "formación completa de la
persona" afirmando que, cediendo al relativismo, se convierte en más
pobre. Un ejemplo, escribe, es el del fenómeno perverso del turismo
sexual. "Es doloroso constatar -observa- que se desarrolla con
frecuencia con el aval de los gobiernos locales".
El Papa afronta a continuación al fenómeno "histórico"
de las migraciones. "Todo emigrante, afirma, "es una persona humana"
que "posee derechos que deben ser respetados por todos y en toda
situación".
El último párrafo del capítulo lo dedica el
Pontífice "a la urgencia de la reforma" de la ONU y "de la
arquitectura económica y financiera internacional". Urge "la
presencia de una verdadera Autoridad política mundial" (...) que
goce de "poder efectivo".
El sexto y último capítulo está centrado en el
tema del "Desarrollo de los pueblos y la técnica". El Papa pone en
guardia ante la "pretensión prometeica" según la cual "la humanidad
cree poderse recrear valiéndose de los 'prodigios' de la tecnología".
La técnica, subraya, no puede tener una "libertad absoluta".
El campo primario "de la lucha cultural entre el
absolutismo de la tecnicidad y la responsabilidad moral del hombre
es hoy el de la bioética", explica el Papa, y añade: "La razón sin
la fe está destinada a perderse en la ilusión de la propia
omnipotencia". La cuestión social se convierte en "cuestión
antropológica". La investigación con embriones, la clonación,
lamenta el Pontífice, "son promovidas por la cultura actual", que "cree
haber desvelado todo misterio". El Papa teme "una sistemática
planificación eugenésica de los nacimientos".
En la Conclusión de la Encíclica, el Papa subraya
que el desarrollo "tiene necesidad de cristianos con los brazos
elevados hacia Dios en gesto de oración", de "amor y de perdón, de
renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz".
ENC/CARITAS IN VERITATE/... VIS 090707 (1400)
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