MATRIMONIO
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Por el Sacramento del Matrimonio Dios llama a los esposos
cristianos a participar y manifestar el misterio de unión y amor fecundo
de Cristo y de su Iglesia. La decisión libre y espontánea de los esposos
cristianos es respuesta en la fe a esta llamada de Dios (Orientaciones
doctrinales y pastorales para la celebración del Matrimonio, 1).
El Rito del Matrimonio está concebido para los
contrayentes, que de verdad entienden y viven la significación y realidad
de las nupcias cristianas. Solamente en un clima de fe se puede entender
que los esposos cristianos son llamados a ser signo del misterio de unidad
y amor fecundo entre Cristo y la Iglesia y a participar en el mismo. Y
solamente con una viva conciencia de Iglesia los contrayentes irán ante la
asamblea a hacer pública manifestación de su amor para vivirlo «en el
Señor» (Ritual del Matrimonio, n. 92) y a comprometerse a «recibir
de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley
de Cristo y de su Iglesia» (Ritual del Matrimonio, n. 93).
Rito de entrada
Hermanos: nos hemos reunido aquí para celebrar la unión sagrada de N. y
N. Bienvenidos seáis todos, familiares y amigos. Nuestra reunión no es
sólo un acto de sociedad, es reunión de la Iglesia de Cristo, presente
aquí; por eso nuestra alegría es la alegría de la Iglesia. Vamos a
escuchar la Palabra de Dios, que de un modo eficaz y misterioso se
realizará en el sacramento de matrimonio. Participemos en esta celebración
unidos en la plegaria por los nuevos esposos.
Liturgia de la Palabra
Primera lectura (Cant 2,8-10.14.16a; 8,6-7a)
Lectura del Cantar de los cantares
La voz de mi Amado. Mirad: ya viene, saltando por los montes, brincando
por las colinas; mi Amado es una gacela, es como un cervatillo. Mirad: se
ha parado detrás de mi tapia; atisba por las ventanas, observa por las
rejas. Mi Amado me habla así: «Levántate, Amada mía, hermosa mía, ven a
mí. Paloma mía que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del
barranco, déjame ver tu figura». Mi amado es para mí y yo para él. Ponme
como sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque el amor es
fuerte como la muerte; el celo, obstinado como el infierno. Sus saetas son
saetas de fuego. Las grandes aguas no pueden apagar el amor ni los ríos
arrastrarlo.
Salmo responsorial (Sal 32,12-22)
La misericordia del Señor llena la tierra
Segunda lectura (1 Cor 12,31-13,8a)
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
Hermanos: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un
camino mejor.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no
tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que
aturden. Ya podría tener el don de predicación y conocer todos los
secretos y todo el saber; podría tener una fe como para mover montañas; si
no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo
y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el
amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita,
no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con
la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites,
aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.
Evangelio (Mt 7,21.24-29)
Lectura del santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me dice
«¡Señor, Señor!» entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la
voluntad de mi Padre que está en el cielo.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a
aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se
salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero
no se hundió porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece
a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se
salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa; y se
hundió totalmente.
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su
enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los letrados.
Rito del Matrimonio
Habéis venido aquí, hermanos, para que Dios garantice con su sello
vuestro amor, ante el pueblo de Dios aquí congregado y presidido por su
ministro. Un día fuisteis consagrados en el bautismo; hoy, con un nuevo
sacramento, Cristo va a bendecir vuestro amor, y os enriquecerá y dará
fuerza, para que os guardéis siempre mutua fidelidad y podáis cumplir con
vuestra misión de casados. Por tanto, ante esta asamblea, os pregunto
sobre vuestra intención.
Escrutinio
- N. y N., ¿venís a contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y
voluntariamente?
* Sí, venimos libremente.
- ¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente durante toda la
vida?
* Sí, estamos decididos.
- ¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los
hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?
* Sí , estamos dispuestos.
Consentimiento
Así, pues, ya que queréis contraer santo matrimonio, unid vuestras
manos, y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia.
(los esposos unen su mano derecha y dicen)
(novio)
Yo, N.,
te recibo a ti, N. como esposa
y me entrego a ti,
y prometo serte fiel en la prosperidad y en la
adversidad,
en la salud y en la enfermedad,
todos los días de mi vida.
****
(novia)
Yo, N.,
te recibo a ti, N.,
como esposo y me entrego a ti,
y prometo serte fiel en la prosperidad y en la
adversidad,
en la salud y en la enfermedad,
todos los días de mi vida.
Aclamación de la asamblea
Proclamemos la bondad de Dios para con estos hijos suyos.
Bendito sea Dios, que les ha unido.
Bendición y entrega de los anillos
El Señor bendiga estos anillos que vais a entregaros el
uno al otro en señal de amor y de fidelidad.
(esposo)
N., recibe esta alianza,
en señal de mi amor y fidelidad a ti.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo.
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(esposa)
N., recibe esta alianza,
en señal de mi amor y fidelidad a ti.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo.
Bendición y entrega de las arras
Bendice, Señor, estas arras, que N. y N. se entregan, y derrama sobre
ellos la abundancia de tus bienes.
(esposo)
N., recibe estas arras,
como prenda de la bendición de Dios
y signo de los bienes que vamos a compartir.
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(esposa)
N., recibe estas arras,
como prenda de la bendición de Dios
y signo de los bienes que vamos a compartir.
Oración de los fieles
Oremos, hermanos, por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo,
y encomendemos especialmente a nuestros hermanos N. y N., que acaban de
celebrar con gozo su matrimonio.
* Por N. y N., para que su mutuo amor sea testimonio del amor de Cristo
a su Iglesia. Roguemos al Señor.
* Para que el Sacramento del Matrimonio que han celebrado sea para
ellos una fuente de riqueza espiritual y humana, y colaboren junto en la
edificación de un mundo mejor. Roguemos al Señor.
* Para que Dios les conceda salud y felicidad, y apoyados en Él hagan
de su casa un hogar acogedor, sereno y alegre. Roguemos al Señor.
* Para que Dios les haga padres responsables y sepan ser los primeros
educadores en la fe de sus hijos. Roguemos al Señor.
* Para que superando todo egoísmo procuren cada uno el bien del otro,
traten de comprenderse en los momentos difíciles y sepan perdonarse y
pedir perdón. Roguemos al Señor.
* Por los miembros de nuestras familias que han muerto en la esperanza
de la resurrección, para que felices en el Señor compartan nuestra
alegría. Roguemos al Señor.
Escucha, Padre de bondad, nuestra oración y concede a tus siervos, que
confían en ti, conseguir los dones de tu gracia, conservar el amor en la
unidad y llegar con su descendencia, después de esta vida, al reino
eterno. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Liturgia Eucarística
(si el matrimonio se celebra dentro de la misa)
Bendición sobre los esposos
Hermanos, roguemos al Señor
que derrame su bendición
sobre esta hija suya,
en la que el sacramento del matrimonio
alcanza particular significación;
porque ella es la tierra fecunda,
la imagen de la Iglesia unida a Cristo,
pidamos que estos dos hermanos nuestros,
unidos en santa alianza,
perseveren en el amor.
Oh, Dios, que con tu poder creaste todo de la nada,
y, desde el comienzo de la creación,
hiciste al hombre a tu imagen
y le diste la ayuda inseparable de la mujer,
de modo que ya no fuesen dos, sino una sola carne,
enseñándonos que nunca será lícito separar
lo que quisiste fuera una sola cosa.
Oh Dios, que al consagrar la unión conyugal
le diste un significado tan grande,
que en ella prefiguraste
la unión de Cristo con la Iglesia.
Oh Dios, que unes la mujer al varón
y otorgas a esta unión,
establecida desde el principio,
aquella bendición que nunca fue abolida
ni por la pena del pecado original,
ni por el castigo del diluvio.
Mira con bondad a tu hija N.,
que, unida en matrimonio,
pide tu protección.
Abunde en ella el amor y la paz,
y siga siempre los ejemplos de las santas mujeres,
cuyas alabanzas canta la Escritura.
Confíe en ella el corazón de N., su esposo,
y, teniéndola por digna compañera
y coheredera de la gracia de la vida,
la respete y la ame siempre
como Cristo ama a su Iglesia.
También, Señor, te suplicamos
por estos hijos tuyos:
que permanezcan en la fe
y amen tus preceptos;
que, unidos en matrimonio,
sean ejemplo por la integridad de sus costumbres;
y, fortalecidos con el poder del Evangelio,
manifiesten a todos el testimonio de Cristo.
Que su unión sea fecunda,
sean padres de probada virtud,
vean ambos los hijos de sus hijos
y, después de una feliz ancianidad,
lleguen a la vida de los bienaventurados
en el reino celestial.
Por Jesucristo nuestros Señor.
Amén.
Rito de conclusión
Oración de los esposos
Señor,
haz de nuestro hogar un sitio de tu amor.
Que no haya injuria, porque tú nos das comprensión.
Que no haya amargura, porque tú nos bendices.
Que no haya egoísmo, porque tú nos alientas.
Que no haya rencor, porque tú nos das el perdón.
Que no haya abandono, porque tú estás con nosotros.
Que sepamos marchar hacia ti en nuestro diario vivir.
Que cada mañana amanezca un día más de entrega y
sacrificio.
Que cada noche nos encuentre con más amor de esposos.
Haz, Señor, de nuestras vidas que quisiste unir una
página llena de ti.
Haz, Señor, de nuestros hijos lo que tú anhelas:
ayúdanos a educarles y orientarles por tu camino.
Que nos esforcemos en el consuelo mutuo.
Que hagamos del amor un motivo para amarte más.
Que demos lo mejor de nosotros mismos para ser
felices en el hogar.
Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro
nos concedas hallarnos unidos para siempre en ti.
Amén.